Publicación finalizada Finalizó el 09/11/2009 18:59

Grand Thef Auto Chinatownwar

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Rockstar Leeds, especializados en las versiones portátiles de GTA, nos traen en esta ocasión su apuesta más arriesgada: la primera versión de la saga para una máquina de Nintendo desde las, ya demasiado añejas, conversiones carentes de carisma que se produjeron para Game Boy. Y para complicarse la vida todavía más, lo hace para Nintendo DS, de marcado perfil "para todos los públicos", convirtiéndose en toda una oveja negra que resalta en las estanterías de centros comerciales, entre sus inocentes competidores, con el fascinante brillo de lo prohibido.

La presentación es, en sí misma, toda una declaración de intenciones. Un maletín, recreado con gráficos cell shading, que se abre y nos deja ver un interior lleno de paquetes de droga que, al ir desapareciendo de la parte inferior de la pantalla, se convierten en fajos de billetes en la superior. Cuando la transacción ha finalizado se vuelve a cerrar para enseñarnos el logo de Rockstar.

El juego nos pone en la piel del joven Huang, que vuela hacia Liberty City para entregar la espada de su padre; que representa el poder de la triada desde tiempos inmemoriales, pero no muy lejanos, en los que la consiguió en una partida amañada de cartas. Los problemas empiezan al aterrizar el avión, la espada es robada y Huang se ve inmerso en un torbellino de egos enfrentados, violencia y como fondo, la hermosamente sórdida Liberty City.

Gráficos:

Increíble apartado gráfico, que sabe juntar con maestría los 2D de los personajes con los 3D de la ciudad y vehículos. Aunque puede parecer una vuelta a los orígenes, a GTA I y II, por la vista superior permanente, la perspectiva es el único punto en común; pues tanto la ciudad como los vehículos son 3D, a diferencia de los pioneros de la saga, con lo que son mucho más dinámicos y vistosos. El control, a su vez, también es muy diferente, siendo mucho más moderno y eficaz; no encontraremos la engorrosa manera de mover al protagonista de los primeros títulos de la saga. En ocasiones, como cuando cogemos prestado un vehículo, la perspectiva si inclinará ligeramente para permitirnos ver algo más de ciudad en pantalla. Cosa que, dadas las limitaciones de la máquina, siempre es de agradecer.

Las escenas que nos sitúan y nos informan de las misiones, y que llevan el peso de la trama, están creadas a partir de imágenes estáticas cell shading de gran calidad que sigue la línea del diseño de portadas iniciado en GTA: Vice City. Las imágenes van cambiando, trasladándose o acercándose para ofrecernos una simulación de animación, algo similar a lo que encontraríamos en adaptaciones de cómics a dvd.

Una vez dentro del juego, el diseño sigue la misma pauta de las imágenes estáticas en cuanto a estilo y paleta de colores, aunque es algo novedoso por ser la primera vez que se utilizan in-game, llega a ser a la vez familiar al tener un estilo que asociamos a la saga.

El protagonista, Huang, los enemigos de a pie y transeúntes, son gráficos 2D que se llevan la peor parte del apartado. Dada la enormidad de la ciudad y la necesidad de mostrar en pantalla una parte de ella, el personaje se ve pequeño en la DS; apenas un puñado de píxels prácticamente sin detalles al que dan ganas de poner en un portaobjetos, derramarle una gota de tinta y colocarlo en el microscopio para estudiar a que clase de bacteria pertenece. Las armas se visualizan en la pantalla táctil, donde, además, las seleccionamos, pero se hacen irreconocibles en pantalla. Lo mismo les ocurre a los habitantes de la ciudad, al ser su tamaño muy reducido se hacen difícilmente distinguibles un transeúnte normal y un policía, lo cual le da algún disgusto extra a Huang. Los combates cumplen pero son algo toscos, la manera de apuntar, por ejemplo, a menudo se hace confusa. Tampoco encuentra su mayor virtud en las animaciones; especialmente con los habitantes de Liberty City, que parecen pasar de un estado vivo a otro de píxel despachurrado sin apenas ningún frame intermedio. Haciendo justicia para la gente de Rockstar, habría que comentar que la mayoría de las limitaciones son intrínsecas a la máquina.

La ciudad es grande y contiene gran cantidad de detalles, es decadentemente bella. Se ha recreado casi la totalidad de Liberty City de anteriores entregas con muchos parajes reconocibles. Al atravesar las calles a toda velocidad en un Banshee robado se aprecia la gran labor en edificios y puentes. Da la sensación de ser una ciudad real, bien estructurada: con sus avenidas y calles, su estación de bomberos y policía y su servicio de transporte público. Existen parques, carreteras y puertos.

En sus calles y puestos encontramos gran cantidad de vehículos, coches, helicópteros, lanchas, motocicletas, etc. Están recreados en 3D con gran calidad, especial mención al texturado, de lo mejor que se ha visto en una DS. Siendo posible ver muchos de ellos simultáneamente en pantalla. Se manejan, tras unas cuantas colisiones de adaptación, a la perfección con la cruceta, sin echar demasiado en falta un stick analógico. En ocasiones, para los vehículos más pequeños como las motocicletas, el grafico es tan minúsculo que se hace inapreciable, siendo además el control de ellas dificultoso al tener demasiada capacidad de giro. El motor grafico 3D es robusto y suave, apenas presenta problemas, aunque a veces la cámara nos juegue alguna mala pasada.

SONIDO

El equipo de Rockstar seguramente encontró un terrible quebradero de cabeza a la hora de intentar introducir todo lo que querían en el formato DS. No han querido eliminar totalmente elementos que ocuparían demasiado de haberlo hecho al uso de anteriores entregas, como las emisoras de radio. Éstas están creadas a base de música sintetizada de género perfectamente reconocible que nos acompañan cuando nos subimos a un vehículo. Por otro lado, no son demasiadas y al ser el juego de gran duración se hacen algo monótonas y machaconas. El sonido de vehículos, voces de transeúntes y armas de fuego cumplen a la perfección y no desmerecen al apartado musical.

JUGABILIDAD

Aunque muchas lo han intentando, ninguna compañía ha sabido captar la esencia sandbox como Rockstar. Son esos prestigiosos chefs que, aun haciendo sus platos con una receta conocida, saben darle un toque especial del que sus competidores carecen, el secreto: ingredientes de primera mezclados en su justa medida. En esta versión portátil nos encontramos con una ciudad que palpita vida, con innumerables lugares a explorar y múltiples misiones principales y secundarías. No es sólo un decorado más o menos bello donde transcurre la acción, aquí es divertido simplemente pasear por las calles y avenidas. Los múltiples minijuegos desperdigados recompensan a los exploradores y harán que muchas veces olvidemos que existe una trama principal para adentrarnos por callejuelas en busca de nuevos contactos, alguna cámara de vigilancia que hacer estallar o un nuevo salto acrobático. Acabarás conociendo Liberty City como la palma de tu mano, la cual, además, estará precisamente allí.

 

Las misiones principales son numerosas y variadas, nunca se hacen repetitivas y, si nos quedamos con ganas, podemos repetirla seleccionándola en el panel de contactos que encontramos en los pisos francos; que el protagonista podrá adquirir previo pago. También cuenta con opciones multijugador por red local; no son gran cosa pero pueden resultar entretenidas.

En demasiadas ocasiones nos hemos encontrado que las traslaciones de sagas conocidas en aparatos de sobremesa se han hecho casi literalmente (recortando en el apartado audiovisual oportunamente) e introduciendo minijuegos para aprovechar la pantalla táctil que hilvanan mal con la mecánica y no eran más que un parche para cumplir. Rockstar ha hecho un gran esfuerzo en este sentido y constantemente daremos uso del stylus en multitud de tareas como: escarbar en la basura, montar armas, hacer masajes cardiacos o sabotear el sistema de seguridad de un coche. Están perfectamente integradas y son siempre divertidas y originales. No obstante, a veces dificultan la vida de Huang innecesariamente pues, por ejemplo, al agenciarse un coche aparcado deberá hackear el sistema para arrancarlo; lo que supondrá un tiempo extra que, en ocasiones, marcarán la diferencia entre terminar o no la misión. Por eso, a la larga, se acaba sólo robando coches en marcha con los que rápidamente podremos reanudar la acción. Entre tanta brillantez y buen trabajo se hace difícil encontrar puntos flojos aunque haberlos los hay: como la escasa inteligencia de vehículos, especialmente los policías y bandas rivales que, si conducimos a una velocidad alta pero no excesiva, veremos como irremediablemente harán alguna absurda maniobra que los deje fuera de circulación.

Uno de los elementos característicos de esta entrega es la PDA, nos servirá de GPS, recibir correos y agenda de contactos. Se maneja totalmente con el lápiz táctil siendo fácil y agradable en su interfaz. Además supone un pozo de información sin fin donde, por ejemplo, encontraremos ordenados nuestros contactos y comerciantes, así como información útil relativa a ellos. El acceso es rápido y eficaz, con pocas e intuitivas pulsaciones podremos buscar direcciones en el GPS o leer correos electrónicos.

CONCLUSIONES

GTA Chinatown tiene dos grandes virtudes: la primera es que consigue mantener toda la esencia de un GTA, todos los elementos reconocibles para cualquier seguidor de la saga están presentes, y la segunda y más importante es que consigue tener personalidad propia, no siendo solo una versión capada para poder meterla a empujones en la DS.

La aventura que nos presenta Leeds studios no tiene la seriedad ni la crudeza del anterior GTA. Encontramos constantes toques de humor en la trama, muy al estilo oriental, que crean un guión más desenfadado, algo que encaja perfectamente con la Nintendo DS. No queremos decir con esto que sea un juego infantil, no lo es, en absoluto. No es un GTAZ ni un Imagina ser un Triada, pero está diseñado para no ser tan duro como GTA IV. La violencia exagerada o paródica resulta más inocua que la cruda. Así, una trama de contrabando de drogas llevada con personajes algo caricaturescos que acaba en un festival de tiros resulta menos impactante que la representada por personajes más realistas y muertes de un solo disparo de pistola.

GTA Chinatown es un juego largo, aunque no tanto como los de sobremesa. Pero gracias a todas las misiones secundarias que encontramos: carreras de coches, matanzas, etc... se alarga sensiblemente su vida. Especial mención habría que hacer de las posibilidades que nos presenta la ciudad para trapichear con drogas. Huang podrá almacenar en su bolsa sustancias que comprará y venderá a traficantes repartidos por toda la ciudad y que le supondrán una fuente de ingresos notables. Siempre y cuando, como si el mismísimo McNulty estuviese detrás nuestro, no nos descubra la policía y acabemos entre rejas y con la mercancía requisada.

La trama de el juego, el mundo del crimen, tan recreado y aplaudido en otros medios como el cine, la televisión y el teatro; siendo elevadas obras que tratan el genero a un sitio de honor en la cultura contemporánea, es considerada por los mismos medios cuando se hace en forma de videojuego como un peligroso producto destinado a emponzoñar la mente de nuestra juventud. Siendo, además, la máquina de destino del juego la Nintendo DS, con gran parte de su catalogo orientado a un publico infantil, parece una apuesta arriesga por parte de Rockstar. Veremos en las ventas si este tipo de producto tiene cabida en la portátil de la gran N


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