Gordon Ramsay es probablemente uno de los más populares cocineros ingleses que además ostenta tres estrellas michelín y su condición de muy controvertido y mediático comunicador. Sus vídeos en programas de TV son vistos con devoción por milllones de seguidores. Los vídeos son un espectáculo (ver por ejemplo Buffalo Mozzarella) no exentos de polémica y también de cierto rechazo.
Por si de méritos se trata, aunque los cocineros ingleses no suelen ser de los más favorecidos con las preciadas estrellas michelín, en este caso, recordemos que Ramsay es actualmente el nº 2 del mundo en términos de estrellas michelín (en total) detrás de mismísimo Alain Ducasse.
En España hemos visto este fenómeno exitoso televisivo de los fogones de la mano de muchos cocineros desde Arguiñano a Sergi Arola, pero tras ver algunos vídeos de Gordon Ramsay he de confesar que su carisma mediático es insuperable (quizás también el excelente equipo y los abundantes medios con los que cuenta para hacer sus vídeos) y también sus resultados empresariales.
Dejando al margen las técnicas audiovisuales, la popularidad de Gordom Ramsay se debe a que llega a los usuarios y a los telivedentes con un estilo personal muy próximo y con el claro propósito de desvelar las técnicas de una cocina cercana, reconocible y de calidad, fuera de cualquier sofisticación gratuita. Dice tacos, gesticula, se sube encima de las búfalas, las ordeña o bucea en los mares de Escocia para capturar moluscos para sus recetas.
¿Exagerado? Tal vez. Pero lo cierto es que la imagen mediática de Ramsay soporta un emporio de negocios en el Reino Unido (once), Estados Unidos (cinco), aparte de otros puntos de Europa e incluso de Oriente Medio. Para mantener tan vasta red de establecimientos regenta también la Tante Marie School of Cookery.
En resumen, Ramsay demuestra que los vídeos de cocina pueden ser útiles y prácticos, instructivos y realmente divertidos, todo esto de la mano de un tres estrellas michelín que, por cierto, no se le cae el delantal ante las cámaras por hacer un solomillo a la plancha o unos sencillos huevos revueltos. Y sobretodo un negocio multinacional ligado al difícil arte de la restauración.